Guía del buen rolero 1 – Objetivo de un Juego de Rol

Con vuestro permiso, seré contundente. El objetivo de un Juego de Rol es divertirse. Punto. Si alguien no se está divirtiendo significa que, o bien esa persona está significativamente entristecida por asuntos personales, o bien lo estais haciendo mal. Siempre es duro escribir palabras tan crudas en una realidad donde el “hacerlo bien” y el “hacerlo mal” es cada vez más relativo. Y, definitivamente, en los juegos de rol es posible divertirse de mil maneras diferentes pues cada persona y cada grupo es un mundo, pero como ya he dicho, insisto en que el principal y más importante fin de haberos sentado juntos a jugar es el divertirse.

 

Y no os sintáis un perro verde si en alguna partida de rol os habéis aburrido. Es completamente natural y, sobre todo, necesario para el proceso de maduración de un jugador de rol. Es muy difícil mejorar sin previamente haber metido la pata. Yo mismo recuerdo mis primeras partidas de rol que dirigí, y no puedo evitar una fuerte vergüenza ajena de la técnica que tenía entonces. De hecho, creo que no había prácticamente nada que estuviera haciendo bien. Y menos mal, porque si no hoy no estaría aquí con vosotros compartiendo mi (supuesta) sabiduría. Y es que mi objetivo no es que lo hagáis bien. En cambio, aspiro a ayudaros a entender mejor vuestras técnicas de dirección de rol y dar trucos para que cada uno mejore a su ritmo, como mejor le parezca.

 

Aquí empieza, pues, una serie de artículos de temática rolera donde cubriré todo tipo de aspectos tanto de dentro como fuera de la partida, sin meterme en ningún sistema en particular. Llevéis el juego que llevéis, intentaré hacer que vuestras partidas sean cada vez más excelentes y, en especial, hacer vuestras veladas roleras lo más memorables posible.

 

Para que os hagais una idea, dirigí mi primera campaña sin haber jugado ni 5 partidas como jugador y, por si fuera poco, con el primer (y único hasta la fecha) manual de rol que me agencié. Creé los personajes sin equilibrio alguno, introduje un millar de reglas y habilidades caseras a ojo, creé una historia en línea recta que no daban ni un milímetro de margen a los jugadores, los forzaba a decisiones y actos a los que no estaban dispuestos, creé villanos intocables, improvisaba todo sobre la marcha, me montaba la película el día anterior y luego pretendía recrearla tal cual, daba libertad a los jugadores pero al de poco se la coartaba porque me rompían la trama, la historia giraba en torno a un guión de talla titánica con la que los jugadores no estaban en absoluto identificados ni involucrados. Y la lista continúa en una espiral sin fin. Ese tipo de detalles tienden a generar frustración entre los jugadores, y suele ir a más como una bola de nieve si no se le pone el alto eventualmente. Lo sé, porque lo he sufrido.

objetivo juego de rol

Vais a pasar por eso si sois noveles. Pero os ayudaré para que esa fase pase lo más brevemente posible y os pongáis a disfrutar como nunca en tiempo récord. Y, bueno, para los directores más veteranos, no os vendrá nada mal leer estos artículos si, por casualidad, os sentís identificados con algún caso. Puede que lo hagáis genial, pero nunca está de más autoevaluarse e intentar mejorar. Yo mismo lo hago constantemente, y me resulta gratificante escuchar de mis jugadores que, poco a poco, va mejorando mi dirección.

 

Para terminar este artículo introductorio, os invito a que hagáis un pequeña reflexión sobre los aspectos que habéis vivido en el rol que os han aportado diversión, y sobre los que de alguna forma han generado frustración, aburrimiento o enfrentamiento. Darle una vuelta y a ver si en alguno de los próximos artículos rolero os sentís identificado.

 

Recordad, un buen director siempre trae los deberes hechos. ¡Siempre! O, al menos, es la impresión que da a su jugadores (bwahahahaha).

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