LA GRAN MENTIRA SOBRE LOS JUEGOS DE MESA

Llevo largo tiempo con la mosca detrás de la oreja, escuchando constantes comentarios sobre la complejidad de los juegos de mesa modernos (al menos es la realidad que vivo en Getxo) y de lo friki que es todo. Y con modernos, hay quien incluye títulos como Colonos de Catán y Carcassone. Que rayos, por complejo, hay quien considera Diplomacy como tal; un juego “modernísimo” que se lleva jugando mucho antes de que yo naciera y donde ni hay dados, ni cartas, ni dinero o recursos.

Me he decidido por blandir el sacacorchos con intención de acabar con el mayor prejuicio, y la mayor mentira, sobre los juegos de mesa: son Complicados (si, con mayúscula). Es verdad que hay títulos como Agra, Feudum y otros que son retorcidamente enrevesados. Sin duda, vale, hasta ahí compro. Pero seamos honestos, he explicado Crossing en un minuto y Cryptid en dos (cronometrados) sin que los jugadores se hayan quedado con duda alguna de cómo se juega. Me río yo de los clásicos que se explican en un minuto. 

Hagamos psicología inversa. Tal como se puede razonar desde el desconocimiento de los juegos de mesa, yo razonaré como veterano en este ámbito, suponiendo que no hubiese tenido infancia y nadie me hubiera explicado nada sobre los anteriormente mencionados. Para que quede claro, fingiré saber mucho de lo moderno y nada de lo clásico. Empecemos.

Como aperitivo, saquemos a la mesa La Oca y el Parchís. ¿Fáciles? No se yo. Veo un montón de casillas numeradas, lo cual me da cierta pista de que habrá que avanzar de casilla en casilla. Y eso es todo lo que sé sobre el juego. De forma que para poder jugar una emocionante partida con mi familia, busco el libro de instrucciones.

¿El libro de instrucciones? Vaya, nos encontramos con el primer problema. No puedo aprender a jugar. Menos mal que hoy en día la red y San Wikipedia nos sacan de todos los apuros. Navego, abro varias web que explican las reglas, por ahora todo va viento en popa. Pero, un momento… En esta página menciona una regla que entra directamente en conflicto con la norma dictada por esta otra. Espera, ¿acaso es un juego de reglas caseras que ha ido sufriendo diferentes cambios a medida que se explicaba boca a boca?

En la Oca no todos usan las mismas casillas. Pardiez, si caes en el pozo es posible que cada vez debas obtener diferentes resultados para salir. Y el Parchís es un dolor de cabeza a otro nivel. ¿Cómo funcionaba el “comido por no comer”? El cinco te permitía sacar una ficha de casa, ¿pero era obligatorio hacerlo? ¿Por qué dos fichas del mismo color no dejan pasar? ¿O sólo dejan pasar si están en una casilla segura? Empiezo a liarme.

Con qué resultado estabas obligado a romper un muro, un cinco o un seis? El seis te permitía repetir, creo, pero con cuántos seises te ibas a casa, y cuál de tus fichas se iba a casa: el último en mover, el que quisieras o el que más adelantado está? Uf, me está empezando a entrar un dolor de cabeza importante. ¿Cuándo debo mover una ficha diez casillas y cuándo veinte?

Por suerte, los juegos traen hojas de referencia para tener presentes todos estos detalles. Lamentablemente, como ya se ha visto, no traen ninguna hoja ni referencia, ¡así que libre albedrío! Es común, prácticamente instaurado, que en los juegos de mesa hay pequeños iconos repartidos por el tablero recordando gráficamente cualquier norma, pero en estos juegos clásicos no hay ni una sola marca. En la oca debo de ser algún tipo de oráculo para interpretar que las ocas y los puentes están conectados, pero no el resto de posibles imágenes, por mucho que se asemejen.

Pasemos al Monopoly, un juego que sufre más de reglas caseras que los dictados del Tribunal Supremo. Menos mal que esta vez si disponemos de una hoja de reglas. Si, amigos, aunque no os lo creáis, el Monopoly incluye reglamento, el cual  tiene una sorprendente semejanza con El Quijote. Descubriréis nuevas fronteras de opciones, hipotecas, negociaciones y reglas que os dejarán los ojos como huevos cocidos. Eso sí, ni una sola imagen o gráfico. Larga vida a la comprensión lectora. Y ya resulta familiar el rechazo sistemático de la mayoría de jugadores casuales a leerse nada; sin duda mucho mejor conjeturar sobre el funcionamiento de la cárcel, la cantidad de dados a tirar y demás normas. Total, es un juego, qué mas da.

Así pues, lectores míos, está claro que todo juego puede ser simple para aprender a jugar si aplicamos la lógica previamente mencionada. Como es un juego, qué mas da, inventemonos la mitad. Tristemente, eso haría que la innovación en los juegos de mesa fuera absurdo, dado que no habría nada que mejorar. Total, cada uno jugará como quiera.

Afortunadamente, no ha sido el caso, y los juegos han ido evolucionando, mejorando en todos los aspectos para convertirse en un mundo apasionante y en todo un ejercicio intelectual (si esa palabra os genera urticaria, ¿qué hacíais en este blog en primera instancia?) disponible para todo el mundo, no sólo la comunidad friki. Ahora el 99% de los juegos incluyen reglamentos bien organizados, con efectivos esquemas, abundancia de imágenes de ejemplo y claros resúmenes. Muchos incluyen también secciones de referencia, donde revisar reglas o cartas concretas una a una para que no haya duda, disponible para cada jugador. Los tableros están repletos de iconos y recordatorios para no tener que memorizar las normas o estar volviendo al reglamento para salir de dudas. Cada vez importa menos la suerte en un dado y más las decisiones estratégicas de los jugadores.

Más adelante sacaré otro artículo aclarando diferencias entre juego de mesa y rol, pero de momento solo pido que os olvidéis de esos términos, y veais estos productos como son: una versión modernizada del hobby de los juegos de mesa de toda la vida. En todo caso, si hubiera que marcar una diferencia, lo haría separando juegos de mesa para adultos y juegos para niños. Aún si insistís en llamar a todo juego de rol, invito a quien quiera a que venga a jugar a rol en Getxo y salga de dudas.

Al fin y al cabo, y como conclusión, nos encontramos con una evolución natural de lo que existía en el siglo pasado. Es simple, sólo hay que verlo tal como es.

Un comentario en “LA GRAN MENTIRA SOBRE LOS JUEGOS DE MESA

  1. yo todavía no entiendo porque mucha gente que se aprendió las reglas del cluedo o del monopoly en su tiempo es totalmente reticente a aprenderse las reglas de un juego moderno incluso de complejidad baja, mas aun habiendo pasado varios años lo que supone una capacidad de comprensión mayor a la que teníamos de niños, o no?

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