BRASS BIRMINGHAM reseña

Que bonitas que son las películas victorianas. Las mansiones, familias nobles, historias de desamor… Y mientras la prole dejándose las tripas en la suciedad y contaminación de la ciudad. Bienvenidos a Birmingham en los albores de la industrialización. Preparaos para llenaros de hollín hasta el cuello en BRASS BIRMINGHAM.

Temática histórica

En Brass Birmingham cada jugador representa uno de los ocho personajes históricos que se presentan como precursores clave de la industrialización en esta región. Hasta que no se plantee producir Brass Bilbao, habrá que conformarse con este título. Y es que el juego procura el mayor rigor posible tanto en nombres de personajes y lugares como en las propias mecánicas. Mientras que en la primera mitad de la partida las conexiones entre barrios se hacen a través del río con cargueros, en la segunda se sustituyen por nuevas vías de ferrocarril. Así mismo, el voluminoso carbón necesita cargueros/trenes para ser recolectado mientras que el más manejable hierro no, dado que, al parecer, lo transportaban en carretas.

Estos y más detalles, los cuales están bien explicados extensamente en el manual, le dan al juego una sensación única. La única pega que se le podría encontrar es que su compromiso con el realismo lleva a este producto a presentar algunas reglas poco intuitivas, sobre todo para los jugadores más acostumbrados a juegos de recolección y gestión de recursos.

Mecánica principal

La estética y sensación del juego evoca hollín, sudor, suciedad y muchos carromatos tirados por caballos con sus consecuentes aromas callejeros. Y aún así, lo jugamos sentados cómodamente en torno a la mesa, viendo como nuestro imperio industrial prospera en las calles de Birmingham. Al fin y al cabo, como jugadores, representamos la élite británica. Y el juego sabe reflejarlo a la perfección.

Por turnos, los jugadores invertirán sus riquezas en minas, fábricas y vías de transporte. Poco a poco, verán como sus infraestructuras se extienden por toda la ciudad. La clave está en llegar a conectar las minas de carbón y las fábricas con alguno de los mercados que se encuentran en las afueras de Birmingham. Cuando esto ocurra, podrán comprar/vender materias primas y las fábricas puntuarán, aumentando los ingresos obtenidos por turno. A más fábricas conectadas, más ingresos. A más ingresos, más fábricas. Y mientras los jugadores riendo con el estómago, bebiendo té con pastitas y enroscando las puntas del bigote con los dedos.

Facilidad de gestión (abundan recursos, compartir minerales, pedir préstamos)

Brass ofrece abundancia de recursos y muchas facilidades a la hora de gestionar el dinero. Es un fuerte contrapunto a otros juegos de gestión con gran variedad de recursos donde hay que apurar cada unidad. Estos últimos suelen hacer un fuerte hincapié en planificar qué beneficios obtener y cómo gastarlos. En Brass sólo hay que preocuparse por el carbón, hierro y dinero, y ocasionalmente por la cerveza (el cual representa, muy acertadamente, la mano de obra).

El dinero no es problema. Las minas y fábricas que se consigue que puntuen otorgan un pequeño aumento de las ganancias por turno, así que para hacer frente a los grandes gastos que con llevan las inversiones iniciales el juego te permite pedir una infinidad de préstamos. A cambio de una pequeña reducción en tus ganancias por turnos, obtienes una gran cantidad de dinero al instante. Así, se puede construir para que las edificaciones ayuden a estabilizar las ganancias por turno.

El carbón y hierro tampoco lo es. No sólo hay un mercado común donde se puede comprar y vender, si no que puedes hacer uso libre de los recursos producidos por las minas de otros jugadores. Tus rivales estarán encantados de ayudarte, dado que cuanto antes se vacía la mina, antes puntuará. El único aspecto del que hay que preocuparse es que el precio del mercado cambia dependiendo de la abundancia de recursos. Por ello es interesante comprar carbón y hierro cuando está barato, y venderlo de tus minas cuando está más caro.

Por último, la cerveza. Este recurso sólo se usa para poder puntuar tus fábricas cuando estén conectadas a un mercado (es decir, poner a un montón de señores mugrientos deslomándose para ti). Para ello, cada mercado ofrece un barril de cerveza gratuito al primero que haga esta acción. Los que se queden sin este beneficio, siempre pueden invertir en cerveceras.

Sinergias entre jugadores

Como he mencionado arriba, los jugadores pueden beneficiarse de los recursos producidos por minas y cerveceras de otros jugadores. Esto genera una ganancia mutua que creará importantes sinergias. Un jugador obtiene los recursos que necesita de forma gratuita, y a cambio el otro jugador vacía su mina/cervecera y la puntúa, obteniendo ganancias y puntos. Del mismo modo, es posible conectar tus edificios a un mercado usando cualquier ruta, sea tuya o de otro jugador.

Por esta razón, el juego tiene los dos puntos fuertes que lo hacen destacar. Primero, al evitar que un jugador monopolice el acceso a un mercado, se mitiga que alguien despunte en puntos de victoria desde el principio, sellando la partida. Segundo, al tener recursos compartidos, cada jugador deberá valorar dónde y cuándo construir cada mina y cervecera. Si quiere consumir sus recursos, deberá asegurarse que ningún jugador tenga conexión a su fábrica. En cambio, si quiere venderlos en el mercado o tentar otros jugadores deberá ponerlo en el lugar más concurrido posible. Siguiendo este mismo hilo, cada oponente deberá valorar si merece la pena adquirir recursos gratis a cambio de ayudar a puntuar a un rival, o es mejor pagar.

Profundidad (turnos limitados, optimizar acciones)

Así pues, estamos ante un juego que ofrece todas las facilidades para desarrollar tu economía, lo cual los jugadores más casuales agradecerán. Pero al mismo tiempo, hay una gran estrategia en torno a la puntuación de edificios y los puntos de victoria que estos otorgan. Dicho de otro modo, es un juego fácil de desarrollarte, donde nunca te atascarás, y a su vez difícil de ganar.

La mayor carga estratégica viene dada por la ventana de acciones de los jugadores. Cada turno, un jugador puede realizar dos acciones. Así pues, con la primera acción podría crear una conexión al mercado y con la segunda aprovechar la cerveza gratuita de ese mercado para puntuar. O podría construir una mina con la primera acción y con la segunda consumir el carbón generado para que otros jugadores no se aprovechen. También podría adquirir una carta de lugar comodín para después poder construir en esa ciudad al que no tenía acceso antes de que nadie le quite el hueco de construcción. Las combinaciones son muchas y variadas.

Lo que el juego no permite, en cambio, es el retrasar acciones. Cada ronda de juego un jugador descarta dos cartas para realizar dos acciones. Incluso si decide pasar, deberá descartar las respectivas cartas. Por ello, todos los jugadores se quedarán sin cartas en mano en la misma ronda. Al haber acciones limitadas, cada una de esas acciones es especialmente valiosa.

Considerando esto, aunque el juego ofrece todo tipo de facilidades para el desarrollo, cada préstamo y cada mejora industrial es una acción en la que el jugador no está construyendo y puntuando. Ahí radica la verdadera profundidad y estrategia del juego.

La industrialización ocurrirá, contigo o sin tí. ¿Te animas a formar parte por ella?

Deja un comentario