La Maldición de jugar en grupo

El ajedrez, las damas, go, tres en raya y un sin fín de juegos se caracterizan por estar diseñados para dos jugadores. Pura estrategia, dos mentes enfrentadas, y el más astuto prevalecerá. En cambio, ¿qué ocurre cuando se introduce un tercer o cuarto jugador (o más) en un juego de esta índole? El perfecto equilibrio del uno contra uno se rompe.

Los problemas

El más común de las dificultades de jugar en grupo está en la simple elección de juego. Afortunadamente, en la mayoría de las casas no suelen llegar a la decena de juegos de mesa, por lo que ponerse de acuerdo es relativamente sencillo, sobre todo si entre los jugadores hay niños o jugadores sin experiencia. En grupos algo más aventajados en este mundo el problema se acentúa, donde la elección de juego puede volverse un largo debate de pros y contras.

El gran desafío, en cambio, surge con los juegos con interacción entre jugadores. El equilibrio entre tres o más personas es muy precario. Como ejemplo de la psicología humana, y la vida misma sea dicho de paso, es muy común que varios agentes aúnen fuerzas para desbancar a otro. Al igual que en los tejemanejes empresariales, siempre es más fácil batirse con un adversario en vez de con múltiples a la vez. Por ello, es común ver como uno o dos jugadores quedan desbancados en los inicios del juego sin opción de ganar ni desarrollarse en condiciones, resignandose a mirar como el resto juega. De hecho, hay juegos que refuerzan la creación de precarias alianzas entre jugadores para fastidiar los planes a otros.

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Debo destacar, eso sí, que hoy en día prácticamente no se producen juegos de mesa con eliminación de jugador. Menos mal. Creo que la peor sensación de un juego es quedar eliminado en el Monopoly y quedarte mirando como el resto siguen jugando durante horas. Aún asi, el problema persiste.

Solución obvia: Jugar a juegos cooperativos

Es la forma óptima de solucionar conflictos entre jugadores en los juegos de mesa. Seguirá habiendo discusión, pero ningún jugador se quedará desbancado o sin jugar.

Solución fácil: Jugar a juegos con poca interacción

Cada día hay más productos que se asemejan a un solitario en grupo. Cada uno tiene su tabla, sus acciones y estará ocupado en lo suyo. Al final, el que mejor lo ha hecho gana. Es una opción cómoda para jugar competitivamente sin que nadie se sienta acosado. La mayoría de juegos que incluyen draft o deckbuilding entran en esta categoría, entre otros.

Solución rebuscada: Jugar a juegos con alianzas o formas alternativas de ganar

Hay ciertos títulos que a pesar de ser competitivos, permiten ganar en alianza. Es el caso, por ejemplo, de Twilight Imperium Rex. No importa cómo de relegado te hayas quedado, siempre serás bienvenido en una alianza donde podrás apoyar a un compañero más potente y compartir juntos la victoria.

Solución masoquista: Jugar a juegos complejos

La alternativa rebuscada. Se trata de jugar a títulos tan complejos (te veo, Vital Lacerda) que los jugadores no tienen ocasión de truncar los planes del resto, dado que están demasiado ocupados gestionando sus propias acciones y recursos. Lamentablemente, no todo el mundo está preparado (de momento) para enfrentarse a un juego de este calibre.

Solución idiota: Afila el machete

Aquí nunca hubo un problema y la eliminación de jugadores hace la partida más breve y divertida. Eres el segador, el ejecutor. Allí donde hay una ocasión de hurgar el dedo en planes ajenos, allí donde hay opción de bloquear un oponente, allí donde hueles sangre, te lanzas como un tiburón, directo a la yugular. No juegas a ganar. De hecho, no es necesario ganar cuando puedes hacer que todos los demás pierdan. (AVISO: éste método puede hacerte perder amigos)

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