5 razones para + alquilar y – comprar

Vivimos en una sociedad de consumo (y vaya qué niveles de consumo, oiga); es un hecho irrefutable y la base insustituible para la actual economía que nos sustenta. Una de las mayores distorsiones que se producen en la población es la correlación de “consumo = comprar”. Afortunadamente, la oferta no deja de reinventarse y modernizarse. Empezando desde la televisión por streaming a nuevos formatos de vivienda cohabitada.

Las tendencias de compra han tenido un impacto directo en el mundo de juegos de mesa. Y es que, si querías jugar era requisito indispensable comprar el juego, muchas veces sin estar seguro de si sería del agrado del consumidor.

Actualmente, las redes están llenas de reseñas, vídeo tutoriales y una tonelada de recursos para poder investigar a conciencia cuál es el juego que mejor se adecúa a nosotros; y, de paso, que nos explique cómo se juega y así ahorrarnos leer las instrucciones.

Además, se han adaptado incontables juegos de mesa a las plataformas digitales, para aquellos que no tengan ocasión de sentarse físicamente con personas a jugar.

Aún así, compramos una casa, un coche, electrodomésticos, todo tipo de dispositivos informáticos y audiovisuales, y un largo etcétera. Vivimos en la sociedad de las propiedades. En esta realidad, y omitiendo al grupo de consumidores que se mueven por coleccionismo más que por ocio, ¿qué puede motivarnos a alquilar un juego de mesa en vez de comprarlo? Ahí van 5 razones de peso:

Alquilar sale más económico (perfecto para quedadas)

Antes de explicar nada, me gustaría acallar esas voces. Los “si lo compras es para toda la vida” y “a la larga compensa más comprar”. Seamos realistas. Los juegos se rompen, las piezas se pierden, el cartón se moja, el papel se rompe, las instrucciones desaparecen y demás accidentes que hacen que el juego sea injugable. Además, ¿con qué frecuencia se usa un juego? Hay productos que suelo sacar algunas navidades, y a veces ni eso. Para que compense, hay que darle uso a un producto. De nada sirve coleccionar si luego sólo va a ocupar espacio en casa.

Alquilar permite disponer de juegos nuevos para esos momentos particulares, sea una celebración especial o un fin de semana en una casa rural, por poner un ejemplo. Facilita disponer de un juego ideal para el número de jugadores que vaya a haber en el encuentro. Además, un coste de alquiler repartido entre todos los asistentes sale vergonzosamente barato.

Se pueden probar juegos sin comprometerse a comprar

En esta era dela información, tenemos más desinformación que nunca. Ahora hay una tonelada de reseñas y videoreseñas de cada juego. Y entre ellas no suelen siempre coincidir. Mientras que podemos limitarnos a seguir una línea de reseñas, repitiendo lo oído ciegamente como borregos sin haber probado el juego (me ocurre muy a menudo en la tienda), lo ideal sería investigar en profundidad las diferentes fuentes y contrastar la información. O, simplemente, alquilar un juego para probarlo y decidir si merece ser comprado. Como el sistema de alquiler suele incluir opción a compra posterior sin recargo, es una opción fantástica para asegurarnos de que siempre compramos algo que nos encanta.

Sirve para reforzar la comunidad de juego de mesa

¿Cada cuánto nos sentamos alrededor de una mesa y nos ponemos a jugar? Y, sobre todo, ¿cuántas veces lo hacemos por diversión, y no porque no haya nada mejor que hacer? Al comprar un juego, se suele jugar unas pocas partidas al inicio, por la novedad, y a continuación queda olvidado en el armario ocupando espacio.

Cuando tuve que mudarme, dejé una gran pila de juegos de mis juego en casa de un amigo de forma temporal por falta de espacio, hasta que pude abrir la tienda. Estos juegos estuvieron más de un año en aquella casa. De todos ellos, sólo llegaron a jugar a uno cuando yo no estuviera para animarlos a probar algo nuevo, y lo hacían con cuentagotas en cuanto la novedad se esfumó.

Alquilar te obliga a jugar. Sabes que dispones del juego por tiempo limitado, así que no falta motivación para sentarse y jugar hasta gastarlo. Como el alquiler sale más barato que comprar, facilita crear hábitos que más tarde se pueden continuar con productos comprados.

Estabiliza las tendencias de extremo consumo 

Pasamos del sector del mercado que difícilmente compra al sector opuesto. Los que claman que no pueden dejar de comprar por coleccionismo. Los adictos a los crowdfunding. Los que se cansan de un juego tras dos partidas.

Hay unos niveles de consumo por parte de un pequeño nicho de consumidores que han hecho que el crecimiento del mercado de los juegos de mesa (hablando en porcentajes, no en cifras) esté siendo mayor que el de los videojuegos.

Todo esto se debe a una economía sumergida que impulsa las ventas masivas e incontables proyectos crowdfunding cada mes. Como muchos consumidores no pueden mantener el ritmo de compras, sea por razones financieras o por almacenaje, venden de segunda mano parte de su inventario para así disponer de espacio para nuevos productos. ¿Empezáis a ver similitudes con el mercado textil? No me gustaría que un producto de ocio tan rico como el juego de mesa acabe funcionando por el mismo corte con el que se determina el textil. Tal vez sean mis paranoias personales. O tal vez no, el tiempo lo dirá.

La cuestión es que el alquiler de juegos de mesa rompe con este ciclo de compra-venta y sanea la cartera de los consumidores, en especial cuando hablamos de juegos de mesa grandes que llegan a costar entre 100 y 200 euros. Juegos tan grandes que ven su vida útil reducida dado que funcionan por capítulos (y eventualmente, se acaban) o porque requieren de muchas horas seguidas de sentada para acabar una sola partida.

Ayuda al pequeño comercio y combate la venta online internacional

No voy a mentir, algo tengo que barrer para casa. Del mismo modo, tampoco miento cuando insisto en que sistemas como el del alquiler de juegos ayudan a reforzar el pequeño comercio, y combatir la venta indiscriminada online, con las consecuentes competencias que se producen, los cuales acaban pasando factura al pequeño dependiente quien debe bajar el precio y, hasta cierto modo, prostituirse para poder llevar a cabo un trabajo del que tomó las riendas por pasión.

Tampoco voy a mentir que es cuestión de tiempo que Trikimailu Jolasak emprenda la venta online. No hay otra opción. Pero entre todos sí que podemos reforzar el juego comunal y levantar la vida de barrio que tanto se reclama a voz en grito. ¡Animo a todos y nos veremos en las calles de Romo (cuando nos dejen)!

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