TEKHENU Reseña Parte 1

“Por fin,”- pensé, -”un juego con una impresionante temática del Egipto clásico, sin que haya que sacrificar miles de esclavos en construcciones de pirámides”. Luego leí las instrucciones. Las leí una vez más. Y pasé a echar de menos la simpleza del látigo y la mano de obra prescindible.

Tekhenu

Tekhenu es un juego de gestión de recursos y desarrollo, con un interesante draft de dados como mecánica central. No voy a mentir, este juego tiene Muchas Cosas. Reglas, variables, condicionantes… Mucho que hacer, y una partida no da para hacerlo todo. Forma parte del juego que cada jugador decida qué camino o estrategia seguir. Esto hace que el juego tenga un valor de rejugabilidad explosivo. Pero vamos por partes, porque este juego hay que desgranarlo con paciencia.

Estética

El tablero es una visión cenital de la ciudad. Aunque el mapa está lleno de tablas e indicadores para recordar las acciones, costes y efectos, el resto del lugar es rico en detalles. Aquí es donde llegué a la conclusión: acordar el diseño final del tablero debió de ser infernal.

  • Los colores. Predominan colores desérticos y pasteles, lo que enormemente añade la sensación egipcia. Está claro que si hubieran añadido más contrastes o algún color llamativo (como un dorado, el cual no rompería la temática), ciertos iconos destacarían más. Claro que, del mismo modo, se perdería el efecto de visión cenital y la temática parecería más fantástica que histórica.
  • El Obelisco. Erigido imponente en el centro. Es llamativo, aunque hay veces que obstruye la visión por su tamaño. Tanto, que algunos jugadores han acabado retirando la gigantesca pieza de la mesa en sus partidas. Parece que no, pero evita a los jugadores inclinarse constantemente para ver los dados y casillas del mapa que se ocultan detrás. Aunque es más práctico retirarlo, supongo que su valor visual y como elemento de marketing es más valioso para la editorial.
  • Los detalles. Las zonas de mapa vacías, donde no hay tablas ni notas de referencia, están llenas de diminutos egipcios dedicándose a sus tareas. Dependiendo la zona de juego, las gentes construyen, hacen labores de casa, rezan, festejan, arrastran piedras a latigazos… Es curioso, pero hay que fijarse bien dado que no es nada llamativo. Claro que, si estas secciones estuvieran llenas de detalles llamativas para la vista, los jugadores se volverían locos identificando cuáles son las zonas de juego y leyendo las notas de referencia, al no poder distinguir entre información y ambiente.

Draft de dados

La mecánica principal es aparentemente simple. Por turnos, cada jugador recoge un dado y realiza una acción de dios o consigue recursos. Hasta ahí bien. Existen 6 secciones para los dados, cada una vinculada a un dios y, con ello, a una de las 6 acciones posibles. Dependiendo qué acción quieras realizar, debes recoger el dado de su correspondiente sección. Tampoco es para tanto.

Aquí es donde entran en juego los colores de los dados, y comienzan los dolores de cabeza. Dependiendo de la posición del obelsco, cada color de dado va pasando entre tres estados: disponible, disponible pero con penalización, o no disponible (con una temática de día, penumbra y noche). La cuestión es que cada color reacciona diferente al ciclo día/noche. A veces habrá que esperar unos turnos a que el obelisco gire y así cierto color en particular pase a estar disponible. Más aún, conseguir dados con penalización es mucho más fácil, pero claro, penalizan de cara al fin de partida.

Por si no fuera poco, a la hora de escoger un dado para obtener recursos en vez de realizar una acción, el tipo de recurso dependerá del color del dado. Por ello, a la hora de hacer una acción importa la posición del dado, y para obtener recursos el color. Así pues, a la hora de escoger dado se tiene que mirar el valor, el color, la posición y la disponibilidad. Y eso no es todo.

Para descubrir mas sobre el juego tendréis que esperar a la semana que viene donde os presentare el resto de la reseña. Confío en que podáis esperar, es solo una semana. No 3000 años como lo que llevan los faraones egipcios.

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